Somos soldados de Jesucristo y estamos
para vigilar el bienestar de su templo y al
servicio de su pueblo, con toda humildad,
honra y mansedumbre, soportandonos con
paciencia los unos a los otros con Amor.
1 Corintios 4:1: Así, pues, téngannos los hombres
por SERVIDORes de Cristo, y
administradores de los misterios de Dios"